Históricamente la conservación de los alimentos ha sido vital para la supervivencia en épocas de sequía, hambruna, enfermedad o conflicto bélico. Los cambios en las estructuras sociales, los nuevos hábitos de consumo o las obligaciones laborales plantean nuevos retos, nuevas demandas que exigen soluciones. Tenemos a mano nuevas tecnologías que nos permiten satisfacer estas exigencias.